3 estrategias para superar con éxito los imprevistos

Tener un Plan es esencial para llegar exactamente allí dónde queremos llegar. Hace un tiempo me inventé una foto con frase que dice "sin plan no hay paraíso", y creo de verdad que es así.

Sin embargo, el fluir de la vida nos obliga a convertirnos en grandes expertos del reajuste porque siempre surgen imprevistos, las cosas pueden modificarse levemente, o mucho. Y ¿entonces qué? ¿Cómo lo hacemos para que nuestro plan se mantenga y hacer frente a lo que nos ha trastocado nuestro rumbo?

El éxito de un plan depende de muchas cosas, pero algo esencial es la capacidad para adaptarnos a lo que está pasando ahora mismo, de tal modo que nos mantengamos fieles a lo que queremos hacer.

 

1. Mantener la calma

Nuestra primera reacción ante cualquier cambio en nuestro plan, ha de ser mantener la calma.

La calma significa ausencia de temores, dudas y preocupaciones. Es decir, que la calma no es estar a punto de dormirse, sino estar quieto o con gran actividad pero viviendo la situación desde el sosiego. Dejar de hacer caso al miedo o a los miedos que nos susurran cosas feas al oído. Nada de cuestionarnos nuestras decisiones, sino seguir firmes en ellas, mientras no decidamos lo contrario. Preocuparse es en realidad, ocuparse antes de tiempo, de manera que también lo desestimamos.

¿Te fijas en que si hacemos el trabajo mental, nos reporta esa actitud tan útil y eficaz como es la calma?

Para mantener la calma, nos concentramos en:

Respirar

Cuando nos estresamos sin darnos cuenta y de modo imperceptible, dejamos de respirar unas décimas de segundo. Nuestra biología requiere que respiremos continuadamente todo el tiempo. Así que al cortar la respiración estamos alterando la química de nuestro organismo. Por eso, en cuanto estemos en una situación que nos sorprende, asusta o fastidia, R-e-s-p-i-r-e-m-o-s

Concéntrate unos segundo en inhalar el aire, percibir como se llenan tus pulmones, y exhalar, liberando el CO2 al exterior y sintiéndote mejor, ya, ahí, en ese preciso instante.

Negarte a creer las peores ideas al respecto de lo que está pasando

Decirte a ti misma: No, me niego a que esto fastidie mi Plan. Si es posible que pase esto horrible, pero ni es probable ahora ni a mí. Basta. Me concentro en cómo resolver esto.

Afirmar lo que sí que quieres

Una afirmación expresa lo que quieres. Así que di: Consigo arreglar esto. Algo se me ocurre para que salga todo como quiero. Confío en mi y en mi capacidad de reajustar.

Pasar a la acción

Preguntarte ¿Qué puedo hacer ahora mismo para encauzar este desvío? Y según lo que se te ocurra, ponerte a hacerlo.

2. Recuperar el bienestar emocional

Ese cambio en nuestro plan, o bien nos asusta, o nos disgusta, o nos deja boquiabiertos, y nos abre un horizonte lleno de sentimientos y emociones que nos sacan del estado de bienestar que tenemos normalmente (y si tú no lo tienes, has de trabajar en ello, por supuesto).

Para recuperar el estado de bienestar emocional, pregúntate:

¿Con qué sentimiento agradable puedo conectar ahora mismo?

No sé si sabes que la mente no puede, le es imposible, dejar de responder a una pregunta que tú le formulas. En este momento en que preguntas buscando un sentimiento agradable para ti, tu mente va a responder. Tendrás una imagen, palabras, sensaciones...

A mí, por ejemplo, me funciona una hace varias décadas sin saturarse, y es la imagen de mi primera perrita -Doli- que solo verla en mi mente ya me calma, me hace sonreír, me ayuda a tener otra vez la sensación de bienestar.

Tú tienes no un sentimiento agradable que recordar, sino muchos. Así que pregunta y una vez tu mente te responda, concéntrate en eso que sientes hasta que ya estés otra vez, bien.

3. Redefinir la situación

Redefinir significa que podemos explicar esto que está pasando de otra u otras maneras. Que estos otros modos nos amplían el horizonte de soluciones, nos sitúan en un punto distinto, nos sacan de la situación.

Redefinir es una de las estrategias mentales más poderosas.

Para hacerlo, necesitas preguntarte cosas, por ejemplo:

  • Mi inteligencia ¿hacia donde me dirige?
  • ¿De qué otra forma puedo percibir esto?
  • Si yo fuera esa persona, por qué lo estaría haciendo?
  • Busco la mejor solución ¿cuál me beneficia más?
  • ¿Cómo puedo servir a mi propósito desde este cambio?

Claro, y puedes hacerte las preguntas que quieras.

Para saber si una pregunta es apropiada o no, debes fijarte en lo que sientes: si la propia pregunta te calma, y al encontrar la respuesta te sientes bien, es una pregunta eficaz. Si por el contrario, te inquieta, busca reformularla diferente hasta que tengas bienestar.

 

Cuéntame tu experiencia en los comentarios (si quieres claro) porque así vamos aprendiendo todas. ¡Gracias!

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