Había una vez

Corría el año 1937. Es la foto de mi madre, sonriendo a la vida a pesar de los avatares que tenía que vivir. Para mí, mi historia comienza con ella. Me amó incondicionalmente desde que supo que me albergaba en su vientre. Me respetó siempre. Me enseñó a amar, a respetar, a confiar en mí, a desear y a conseguir. A levantarme si caía, a ver lo mejor en todo. A gozar de cada instante.

Fue una relación preciosa. Culminó en sus últimos años viviendo en mi casa, feliz, mimada, como una reina.

También tenía sus pegas, como todos claro, pero sus virtudes las superaban holgadamente.

Sin ella y con su forma de ser, yo no sería quien soy. Por eso todos los días me acuerdo de ella y le agradezco profundamente su existencia y el calor y los colores que dio a la mía.

Era una artista, de la voz y de las manos.

Cantaba como los ángeles, con una voz profunda y grave (era mezzosoprano). La misma voz con la que me decía que me amaba, que adelante, que lo que yo quisiera. Durante algunos años cantó en el Orfeón Catalán y aprendió la técnica que le permitía hacer lo que quería con su voz.

Era un genio de la costura. Se inventaba vestidos, blusas, faldas, abrigos...y los cosía con primor. Tenía una gracia especial en captar lo que quería su clienta, en darle forma a sus deseos.

Le gustaba la armonía y si la chaqueta era a cuadros, ella hacía coincidir siempre el dibujo en las diferentes piezas. Ver una obra suya era un deleite.

La movía la pasión. Ponía su alma en cada vestido, traje, chaqueta, que confeccionaba. Era feliz desafiando los obstáculos y resolviéndolos. Toda una artista.

Trabajó para grandes modistos en Barcelona durante años, pero luego se dedicó a su propia clientela. Tenía trabajo para tres modistas más, pero ella lo sacaba todo sola.

Una vez quiso poner una tienda para ropa de niño -que en aquellos años no existía ni la idea- pero mi padre no quiso ni poner el dinero para el muestrario ni apoyarla. Toda una lástima, porque habría sido un éxito portentoso.

Cuando a los ochenta años se retiró definitivamente de su profesión, las clientas lloraban a moco tendido. Comprendían que quisiera ya descansar pero les asustaba no tener nunca más a su modista, a la que las entendía, la que las hacía resplandecer.

De manera que yo viví la pasión desde bien pequeña. Ella estaba cosiendo y yo jugando a su lado, por ejemplo, a tiendas. Y ella además de coser, jugaba conmigo ¡Lo que nos reímos con las cosas que se nos ocurrían a las dos!

Crecí confiando en mí, sintiéndome capaz de cualquier cosa. Así que de bien pequeña ayudaba a otros niños en algunas materias, incluso recuerdo una vez que una compañera -Rosaura- tenía problemas con sus padres y me atreví (viéndolo como algo natural) a ir a hablar con ellos para mediar (¿llevaba en la sangre esto de ser psicóloga?), y tendría unos diez años.

Cuando murió mi padre -tenía yo diecisiete entonces- enseguida me puse a dar clases particulares, a hacer de canguro, a dar clases en un colegio (me salió esta oportunidad y me atreví) para niñas de 7º y 8º de entonces, la EGB. Yo, que siempre tuve un aspecto de niña, por mi carita redonda y mis rizos, dando clase a treinta niñas y poniendo orden. Las asignaturas fueron de Historia o Ciencias Sociales, que a mí me encantaban. Fue una experiencia dura, pero muy estimulante.

Mientras estudié mis cinco años de carrera, siempre trabajé. En varias oficinas, dando clases. Cuando me licencié, volví a atreverme: puse mi consulta en casa. Comencé con niños, tuve mucho éxito en varias escuelas. Aún no se había inventado la figura de psicólo escolar, de modo que las maestras me necesitaban para sus niños. Al cabo de unos pocos años, me atreví a dedicarme todo el tiempo a mi profesión. Abandoné oficinas y clases y me dediqué en exclusiva a atender pacientes. Y a segur estudiando, claro.

Conocí a muchas personas interesantes. Con algunas, nos asociamos para hacer grandes cosas, que nunca tuvieron el éxito esperado. Seguramente, porque no sabíamos de montar empresas, ni de marketing, ni de ventas y no se nos ocurrió buscar profesionales de estas áreas.

Como ayudar a crecer siempre ha sido una de mis pasiones más potente, tuve muchísimo trabajo. La suerte me favoreció porque me trajo personas-en su gran mayoría- con las que me entendía y conseguíamos trabajar muy bien juntas.

Cuando cumplí cincuenta años me dije que querría parar en algún momento de atender pacientes, y que entonces necesitaría una empresa que me generara ingresos. Así que busqué socios y monté una consultoría (de psicología, claro) para empresas. El objetivo era ayudar a que sus empleados fueran más felices en la empresa para que tuvieran ganas de trabajar con pasión, y que el beneficio fuera para todos (jefes y empleados). Pero no. Los empresarios estaban a años luz de la filosofía que sustentaba esta idea de negocio. ¿Empleados felices? ¡De qué vas, mujer! Los empleados han de trabajar y que sean felices en su casa... Estas y otras perlas son las que soltaban los "futuros clientes". Solo con unos pocos se pudo hacer algo bonito y útil.

Por otro lado, esta empresa también tenía un área de eventos. Montar fiestas o celebraciones con un sello singular y único. La idea, fenomenal, el tiempo en que se nos ocurrió, no tanto. Al cabo de un año de haber empezado llegó la crisis del 2007 y las empresas de eventos se fueron al garete. La nuestra, joven y con pocos clientes, se hundió en la miseria.

Esa misma crisis me llevó un poco después a que se rompiera mi cadena de clientes y me arruinara. Cambiar de piso, a otra ciudad, a otro piso, a otra ciudad...

Duro. Además en el mismo año fatídico 2007, falleció mamá, el dos de junio.

Quedé rota por todo.

Pero nunca me rendí. Llorando, pero adelante.

De modo que como la hormiguita, recogiendo para el invierno. Trabajando sin perder el ánimo, ayudando igual a mi gente, o más.

La hora digital sonó. A mí me encanta Internet y las nuevas tecnologías. Es algo que ya no podrá desaparecer, nos une, nos conecta, de una forma impensable y maravillosa.

Me propuse atender vía Skype, y sí, lo he conseguido.

Me propuse inventarme un negocio para Internet, y sí me lo he inventado (es este, estás aquí ahora mismo).

Ayudo a mujeres soñadoras (y emprendedoras) a conseguir lo que quieren. A que rompan los patrones que les impiden crear lo que quieren. A guiar sus emociones. A confiar en ellas mismas, de verdad. Desde mi campo, la mente y las emociones, que es lo que yo conozco, de lo que sé.

Me encanta. Soy feliz.

 

 

 

 

 

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Comentarios: 12
  • #1

    Mónica (viernes, 11 noviembre 2016 15:17)

    Siempre es un placer saber que hay gente que como tú, consigue sus metas. A base de esfuerzo, de dedicación... ingredientes sin duda, imprescindibles. Me alegro mucho por tus éxitos.
    Saludos!!

  • #2

    Susi (viernes, 11 noviembre 2016 16:27)

    Gracias Mónica!

  • #3

    Carmen (domingo, 13 noviembre 2016 09:17)

    ¡Qué emotivo! Ver que hay que personas como tú que no se rinden y que mantienen un objetivo en el horizonte, te inspiran para saber que se puede conseguir.
    Felicidades.

  • #4

    Paloma Hornos (lunes, 14 noviembre 2016 14:52)

    ¡Que ternura!
    Me ha encantado leer tu experiencia y que hayas rendido este tributo a tu madre dice mucho de ti.

    Sin duda eres una luchadora y te animo a que sigas adelante entre tus luces y tus sombras.

    Estrenas nueva imagen, ¿verdad? Me encanta

    Gracias por poner calor y ternura en esta mañana fria de invierno

    Paloma

  • #5

    Susi (lunes, 14 noviembre 2016 15:18)

    Gracias Paloma, qué palabras tan bonitas!!!!

  • #6

    Dulces Caramelos (lunes, 14 noviembre 2016 15:29)

    Me ha enganchado tu entrada desde las primeras líneas y no he parado hasta el punto y final!! Con que pasión hablas de tu madre, tu vida, tus alegrías, emociones y tristezas ¡Qué pasión! por aprender de lo bueno y malo y siempre salir adelante :)

  • #7

    susi (lunes, 14 noviembre 2016 15:44)

    Gracias Dulces Caramelos!
    Sí, eso lo aprendí de ella, siempre adelante, siempre con amor!!

  • #8

    Carmen (lunes, 14 noviembre 2016 22:20)

    Susi, una entrada muy emotiva. Siempre me ha encantado conocer la vida de las personas. Ninguna es fácil, y sin embargo hay personas, como tu madre, que tienen el don de hacerlas bonitas y sencillas. Me quedo con su pasión, su optimismo, las ganas de hacer cosas que la hicieran feliz. Me quedo con las palabras de aliento que te daba porque me refuerza en lo que hago yo con mis hijos cada día cuando los veo que se caen y les digo "Arriba cariño, si lo intentas de nuevo saldrá mejor". Me ha encantado conocerte un poco más a través de esta bella historia. Un abrazo.

  • #9

    Susi (martes, 15 noviembre 2016 00:41)

    Gracias Carmen!!! Sí, tener una madre que alienta y confía en ti marca una gran diferencia. Un abrazo grande!

  • #10

    Susi (martes, 15 noviembre 2016 01:23)

    Gracias Carmen (de dulces princesas) por tus palabras!!!

  • #11

    Julieta (miércoles, 23 noviembre 2016 14:02)

    Hermoso relato! Cada día me gusta más leer historias que hablan de lazos poderosos entre mujeres. Me conmueve tu frase "Llorando pero adelante"; es fantástica! Mucha suerte con tus deseos y tu empreendimiento!!!

  • #12

    Susi (miércoles, 23 noviembre 2016 23:13)

    Gracias Julie ta! !!!